La intervención somática en Terapia Gestalt Relacional

Por: Patricia Crast Pagni.

Consideramos que las diferentes propuestas de intervención psicocorporal, actualmente denominadas “somáticas” son fundamentales en la atención y acompañamiento del sufrimiento humano, tal y como lo afirma Jean Marie Robine: “el cuerpo -y el sentimiento corporal- es el punto de partida de toda experiencia(2015) y Martín Buber, sostiene que “toda vida verdadera es encuentro”, por lo que el cuerpo no puede estar en otra parte sino en el encuentro mismo. Parafraseando a Foucault (2010), el cuerpo se posiciona y relaciona con un espacio y a la vez es abarcado por éste. El cuerpo es topográfico, lo habitamos y nos habita.

¿Cómo mi cuerpo puede llegar a ser un campo de resonancia sensible y receptivo, transparente y honesto, para enriquecer el nosotros de la relación terapéutica?

El uso de la metáfora, de las sensaciones somáticas, la respiración, la modulación de la voz, las propuestas de movimiento, el toque respetuoso, entre otros, son apoyos invaluables para la Terapia Gestalt con enfoque fenomenológico.

Desde este contexto terapéutico, no podemos dejar de mencionar los patrones relacionales y las etapas del desarrollo con las que se vinculan, haciendo un puente en el tiempo y en diferente marco teórico, con la propuesta de la segmentación neuromuscular de la coraza (Reich, 2013) o rescatando a Bowlby, mencionado por Storolow y Atwood (2004, p.14) como un referente, un tanto olvidado pero fundamental, para una lectura de la mirada corporal en psicoterapia: mediante el estudio y la observación del apego del pequeño con sus adultos significativos, inició una tradición que está dando frutos muy valiosos para el psicoanálisis contemporáneo: por ejemplo, la investigación empírica de los distintos patrones vinculares que tenemos los humanos y de cómo se transmiten de generación en generación. Estos patrones surgen del apego primario y podrían considerarse ajustes creativos de la corporeidad a las exigencias del entorno; mismos que podemos observar en la manera en la que el paciente los replica, en la relación terapéutica.

De acuerdo con lo anterior, podemos afirmar que: no hay nada más estético en la terapia que la implicación del cuerpo, de ambos cuerpos en un diálogo que es danza, con sus cualidades de movimiento, que son ritmos. No solo por lo que el campo ofrece en el momento en el que sucede el contacto, sino también, por la riqueza estética (sensible) que emerge desde nuestras propias arqueologías corporales (memorias y gestos senso-kinestésicos).

Decimos que “el cuerpo habla” pero no lo hace desde un soma reducido a respuestas neuromusculares o neurobiológicas, sino desde un cuerpo-arraigado-en-la-existencia, desde donde su corporeidad se relaciona y comunica en una coreografía dialéctica, sintiente, gozosa y doliente.

Margherita Spagnuolo Lobb desarrolla el tema del giro relacional, que desde los años ochenta ha transversalizado las reflexiones alrededor de la praxis clínica, ampliando y a la vez profundizando la relación terapéutica desde una mirada, que si bien no niega al humanismo, lo trasciende. Prioriza el enfoque estético relacional, la reciprocidad y la exploración fenomenológica del campo, el cual es expresión de la co-construcción que surge durante el contacto en un contexto y tiempo específicos, entre terapeuta y paciente.

Dentro del desarrollo de la propuesta de Spagnuolo, se hace referencia al concepto de resonancia desarrollado por Ruella Frank (2016), sin embargo, no solo los sentidos y el resonar con el otro son suficientes en la sesión de terapia, sino también, la conciencia corporal y estética que el terapeuta haya podido afinar y consolidar con el fin de convertirse en el apoyo, “el terreno firme” que facilita la expresión de la espontaneidad y vitalidad del paciente, encontrando juntos, nuevas posibilidades para mirar el sufrimiento presente en su corporeidad.

Las investigaciones actuales y no tan actuales que ponen en el centro la importancia del cuerpo en la psicoterapia, se acercan cada vez más a la integración de propuestas que van desde la psicopatología fenomenológica, la neurobiología interpersonal, la psicotraumatología, la neurofenomenología y el paradigma relacional; alejándose de las catarsis y lecturas corporales cartográficas que frecuentemente resultaban en “intervenciones terapéuticas” permeadas por prácticas violentas normalizadas, olvidando el cuidado y el respeto, que desde la experiencia anclada en la piel, se merece la persona.

En la Terapia Gestalt y Psicocorporal podemos observar actualmente, la necesidad de mirar hacia la relación más que hacia la técnica aplicada en el cuerpo, entendiendo que si bien el modelo intrapsíquico tuvo su funcionalidad para cierto tipo de sufrimientos, en las problemáticas contemporáneas, la hiperestimulación y la hiperexigencia socioafectiva con la que el paciente llega a terapia, tal vez aprecie más la validación y el apoyo del terapeuta que los diagnósticos y/o protocolos. Como señala Spagnuolo: “los conceptos de ‘límite de contacto’ y ‘campo organismo/ambiente’ se convirtieron en los principios centrales del enfoque relacional, y la contribución del terapeuta a la experiencia del cliente en el aquí y ahora se convirtió en una herramienta para trabajar con el campo, en lugar de con el individuo” (Spagnuolo Lobb, 2018; Macaluso, 2020).

La desensibilización, desconexión, disociación y sentimientos de vacío existencial son el común denominador de los sufrimientos contemporáneos; un sufrimiento desencarnado, experimentado como una extrañeza frente a lo que el cuerpo desea, pide, necesita; esta manera de estar en el mundo no excluye el propio sufrimiento del terapeuta, “es una forma de estar en el límite del contacto” (Spagnuolo Lobb, 2018) en donde ambos pierden la reciprocidad, la cocreación de una danza sincrónica que proporcione sentido al Yo del paciente. En este punto aparece la resonancia estética, que reta al terapeuta a conectarse con su corporeidad, dice Spagnuolo: “lo que cura es la sincronicidad”.

Vinculada a la propuesta de Ruella Frank en su texto más reciente (2022) sobre la naturaleza de la resonancia, como una respuesta innata que nos permite regular nuestras interacciones con el entorno, se integran las investigaciones de la neurobiología del contacto, la neurocepción y la corregulación desarrolladas por Stephen Porges en su Teoría Polivagal, destacando la importancia de la presencia, la conexión y el apoyo del otro, como una vía somática para estabilizar los procesos neurofisiológicos, desregulados por la hiperactivación y/o el colapso.

Las perspectivas relacionales fenomenológicas, en donde se integra la mirada de campo con el conocimiento de la resonancia sensorial y kinestésica y el acercamiento al cuerpo con respeto a su expresión neurobiológica con relación a la situación, pueden nutrir el quehacer actual del Terapeuta Gestalt y/o psicocorporal, así como, aquellos interesados en los abordajes del estrés postraumático y el trauma complejo.

Bibliografía.

Frank, R. (2022). Resonancia Kinestésica. Extracto del Cap. 2, Libro The Bodily roots of experience in psychotherapy.

Porges, S. (2009). The Polyvagal Theory: New insights into adaptive reactions of the autonomic nervous system. Cleveland Clinical Journal of Medicine, 76 (Supp. 2), pp. 86-90.

Spagnuolo, M. (2018). El giro relacional de la práctica clínica de la terapia Gestalt: de la «silla vacía» a la «danza de la reciprocidad» en el campo. International Journal of Psychotherapy (Español e Inglés).